martes, 22 de julio de 2014

Capítulo 12.

    3 Enero
    Emily    

    La enfermería era un lugar grande y bien iluminado con amplias camas adornadas con cabeceros metálicos y pulcras sábanas blancas. El techo era de un color claro y muy ornamentado, dándole a la sala un aire refinado. En una de las aparentemente cómodas camas había un chico con toda la cabeza vendada, menos los ojos que eran de un marrón cálido, aunque estaban inyectados en sangre.
    Me acerqué un poco a Leo, intimidada.
    -Eso es... ¿Muy frecuente? -le susurré, intentando que mi voz sonase firme-. Lo de... aquel chico.
    -Pues... Sí bastante -Leo compuso una mueca-. Una vez un compañero perdió un brazo.
    Me estremecí, sin percatarme de que Leo me estaba tomando el pelo. Soltó una carcajada.
    -Estaba bromeando, Emi -me puso una mano en el hombro para que fuese más rápido.
     Atravesamos la habitación, que al final giraba a la derecha dejando un pequeño cuarto parecido a un despacho, adjuntado a la enfermería pero en la misma habitación, sin pared que los separasen. Allí había un enorme dragón amarillo posado sobre sus patas y con los ojos llorosos, lo que hacía que fuese menos intimidante. La enfermera, una mujer de pelo rojizo muy rizado que llevaba una pequeñas gafas redondas, le miraba desde abajo, poniéndole una mano en el hocico para tranquilizarlo.
    -Sullivan, relájate -murmuró la enfermera, con voz tranquilizadora.
    El dragón soltó un quejido lastimero, intentando decirle que no podía, que lo estaba intentando.
    -Señorita Lawler -Leo carraspeó-. Te traigo a Emily. Le... mordió un etenuaris.
    La mujer, que era baijta y rechoncha, se giró en redondo y entrecerró sus pequeños ojos hacia nosotros.
    -¿Cómo fue? -me reprendió con su vocecita chillona, mientras examinaba la herida y me hacía sentarme en una cama.
    Le conté más o menos lo que nos había pasado. Ella escuchaba con atención, vendándome la herida con una tela resistente.
    -¡Guau! -oí decir a una voz a mi izquierda, justo donde antes se encontraba el enorme dragón amarillo-. ¿Y luchaste contra esa etenuaris aunque fuese la primera vez que te transformabas?
    Giré la cabeza para mirarle, extrañada. El chico que había hablado era bajito y delgado con el pelo castaño y un flequillo demasiado largo. Sus ojos eran de un increíble color amarillo, y brillaban de una manera extraña. Llevaba una sudadera tres tallas más grande que le llegaba por las rodillas.
    -¡Así se hace, Sullivan! ¡Lo has conseguido! -exclamó la rechoncha mujer.
    -¿Qué? -Sulli miró hacia abajo, extrañado-.¡Anda! ¡Es verdad! -y sin decir nada más salió de la enfermería corriendo. Chrome - Handwriting

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