martes, 11 de marzo de 2014

Capítulo 2

    2 enero
    Emily

    Hola. 
    Me llamo Emily, aunque mis amigos me llaman Emi. Sería más acertado decir mi mejor amiga y mi novio, ya que no me llevo muy bien con la gente.
    Hoy cumplo quince años, una edad en la que todo comienza a cambiar.
    Vivo en Porvoo, Finlandia; en un pequeño internado para niños huérfanos llamado Polttava orvot. 
    Sí, no tengo padres. Murieron poco después de mi nacimiento y estoy sola desde entonces, sola aunque rodeada de gente.
    Adoro los libros, son mi única compañía. Leo por las noches, debajo de las sábanas a la luz de una linterna; leo mientras como; leo en mi tiempo libre y hasta a veces en medio de una clase. 
    Aunque siempre que leo mucho acabo teniendo sueños raros en los que soy un extraño dragón. 
    Ya os he contado como soy, así que empezaré a relatar mi historia.

                                                        ***

    Sentía los párpados pesados como piedras y una pequeña brisa de aire frío se colaba por la sábana. Unos suaves dedos me acariciaban la planta del pie, haciéndome cosquillas.
    -Para -murmuré somnolienta.
    -Vamos, levántate dormilona, que hoy es domingo -me apremió una voz muy familiar.
    -Venga, Andy, déjame un poco más -enrollé las sábanas alrededor de mí, perezosa.
    -Ya son las nueve y media. Madame Annelli cerrará el comedor dentro de poco, y como no te des prisa te quedarás sin desayuno -dijo Andrew.
    Emití un gruñido de fastidio y abrí los ojos con dificultad. La enorme habitación que compartía con otras tres chicas estaba completamente vacía, exceptuando a un chico que se hallaba de pie al lado de la litera, con el índice apoyado en la parte baja de mi pié. Me ofrecía una radiante sonrisa que hacía que se iluminasen sus preciosos ojos color miel.
    -Felicidades -susurró con voz dulce.
    Se acercó a mí y posó sus labios encima de los míos, dejándome paralizada. Se separó y se revolvió el pelo castaño con una mano.
    -¿A qué esperas? Que yo también tengo hambre -me urgió en tono burlón.  
    Bajé de la litera de un salto, cogí mi ropa y fui hasta el baño. 
    Me puse la camiseta de Imagine Dragons que me regalaron el año pasado y unos vaqueros desgastados, me cepillé el  pelo cobrizo con rapidez y salí corriendo del aseo.
    -Vamos -le dije a Andy.
    
    El día fue bastante mejor de lo que esperaba. Ya que era domingo, nos dejaron salir a dar una vuelta por el centro de Helsinki. 
    -¿Quieres que vayamos a Toinen linja? -me preguntó Andrew, en un desesperado intento por animarme.
    -Vale -contesté sin ganas.
    Aquel no era un buen día. Mis padres murieron en esa fecha, hace trece años. Vale que era mi cumpleaños pero... yo era incapaz de pasarlo bien. Me aplastaba la tristeza de no saber qué era tener padres, de echarlos de menos sin ni siquiera haberlos conocido. Pero no me daba cuenta de que mi verdadera historia, no empezaba con mi nacimiento. 
    
     De camino a Toinen linja, que significa La segunda línea, pasamos por delante del Hospital central de la Universidad de Helsinki. Justo en ese momento, una chica rubia con mechas rojo fuego salió de la clínica. Sentí un escalofrío y el vello de los brazos se me puso de punta. Paré en seco y Andy me miró preocupado.
    -¿Qué pasa, Emi? 
    -Nada -titubeé. No podía moverme, me había quedado completamente paralizada.
    -¿Emily? ¿Tu mecha no era verde bosque? -preguntó inquieto.
    -Sí -una horrible sensación de vértigo se instaló en mi pecho-. ¿De qué color está?
    Andrew tardó un rato en contestar.
    -Es verde fosforito...
    El vértigo, junto con una pizca de terror, empezó a crecer en lo más hondo de mi mente. Me tambaleé hacia atrás y sentí que Andy me agarraba del brazo, alarmado. 
    La chica se acercó a nosotros, con intención de encaminarse en la dirección en la que habíamos venido.
    Pero de repente nuestros ojos se cruzaron y ví como ella se estremecía. Se dirigió hacia donde estábamos y clavó su intensa mirada verde en mí. 
    -Tú... -murmuró desconcertada.
    Andy me tuvo que sujetar más fuerte.
    -¿Qué quieres? -estaba deseando que se fuera de aquí, ya que pensaba que ella era la que me producía mareo.
    -Tus ojos... -parecía confundida.
    -Mis ojos, ¿eh? No son razón para que te quedes mirando como si fueses estúpida. Así que lárgate -entendía que mis ojos le pareciesen raros, pero se estaba pasando.
    -Tú eres el dragón, el de mi sueño. Con los ojos grises adornados con un aro morado.
    Andrew me sujetó para que no me cayera.
    -Estás loca... Lárgate -le dije con dureza.
    La chica tembló, como si fuese a echarse a llorar, pero no lo hizo. Me echó una mirada de desprecio y se dió la vuelta.
    -No tenías por qué ponerte así -murmuró con rabia sin mirarme.
    Desapareció calle abajo, con el paso decidido de alguien que se siente humillado.
    
    -¿Qué ha sido eso? -preguntó Andy, frunciendo el entrecejo.
    -¿Qué ha sido el qué? -murmuré, todavía algo atontada.
    -Parecias a punto de desmayarte y tu mecha... -sacudió la cabeza desconcertado-. ¡Ahora está normal!


    -No sé que ha pasado -contesté-. Te juro que no sé que ha pasado, Andy.
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