2 enero
Emily
Hola.
Me llamo Emily,
aunque mis amigos me llaman Emi. Sería más acertado decir mi mejor amiga y mi
novio, ya que no me llevo muy bien con la gente.
Hoy cumplo
quince años, una edad en la que todo comienza a cambiar.
Vivo en Porvoo,
Finlandia; en un pequeño internado para niños huérfanos llamado Polttava orvot.
Sí, no tengo padres. Murieron poco después de mi nacimiento y estoy sola desde
entonces, sola aunque rodeada de gente.
Adoro los libros, son mi única compañía. Leo por las noches, debajo de
las sábanas a la luz de una linterna; leo mientras como; leo en mi tiempo libre
y hasta a veces en medio de una clase.
Aunque siempre que leo mucho acabo teniendo sueños raros en los que soy un
extraño dragón.
Ya os he contado como soy, así que empezaré a relatar mi historia.
***
Sentía los párpados pesados como piedras y una pequeña brisa de aire frío se colaba por la sábana. Unos suaves dedos me acariciaban la planta del pie, haciéndome cosquillas.
-Para -murmuré somnolienta.
-Vamos, levántate dormilona, que hoy es domingo -me apremió una voz muy
familiar.
-Venga, Andy, déjame un poco más -enrollé las sábanas alrededor de mí,
perezosa.
-Ya son las nueve y media. Madame Annelli cerrará el comedor dentro de poco, y
como no te des prisa te quedarás sin desayuno -dijo Andrew.
Emití un gruñido de fastidio y abrí los ojos con dificultad. La enorme
habitación que compartía con otras tres chicas estaba completamente vacía,
exceptuando a un chico que se hallaba de pie al lado de la litera, con el
índice apoyado en la parte baja de mi pié. Me ofrecía una radiante sonrisa que
hacía que se iluminasen sus preciosos ojos color miel.
-Felicidades -susurró con voz dulce.
Se acercó a mí y posó sus labios encima de los míos, dejándome
paralizada. Se separó y se revolvió el pelo castaño con una mano.
-¿A qué esperas? Que yo también tengo hambre -me urgió en tono
burlón.
Bajé de la litera de un salto, cogí mi ropa y fui hasta el baño.
Me puse la camiseta de Imagine Dragons que me regalaron el año pasado y unos
vaqueros desgastados, me cepillé el pelo cobrizo con rapidez y salí
corriendo del aseo.
-Vamos -le dije a Andy.
El día fue bastante mejor de lo que esperaba. Ya que era domingo, nos
dejaron salir a dar una vuelta por el centro de Helsinki.
-¿Quieres que vayamos a Toinen linja? -me preguntó Andrew, en un
desesperado intento por animarme.
-Vale -contesté sin ganas.
Aquel no era un buen día. Mis padres murieron en esa fecha, hace trece años.
Vale que era mi cumpleaños pero... yo era incapaz de pasarlo bien. Me aplastaba
la tristeza de no saber qué era tener padres, de echarlos de menos sin ni siquiera
haberlos conocido. Pero no me daba cuenta de que mi verdadera historia, no
empezaba con mi nacimiento.
De camino a Toinen linja, que significa La segunda línea, pasamos por delante
del Hospital central de la Universidad de Helsinki. Justo en ese momento, una
chica rubia con mechas rojo fuego salió de la clínica. Sentí un escalofrío y el
vello de los brazos se me puso de punta. Paré en seco y Andy me miró
preocupado.
-¿Qué pasa, Emi?
-Nada -titubeé. No podía moverme, me había quedado completamente paralizada.
-¿Emily? ¿Tu mecha no era verde bosque? -preguntó inquieto.
-Sí -una horrible sensación de vértigo se instaló en mi pecho-. ¿De qué color
está?
Andrew tardó un rato en contestar.
-Es verde fosforito...
El vértigo, junto con una pizca de terror, empezó a crecer en lo más hondo de
mi mente. Me tambaleé hacia atrás y sentí que Andy me agarraba del brazo,
alarmado.
La chica se acercó a nosotros, con intención de encaminarse en la dirección en
la que habíamos venido.
Pero de repente nuestros ojos se cruzaron y ví como ella se estremecía.
Se dirigió hacia donde estábamos y clavó su intensa mirada verde en mí.
-Tú... -murmuró desconcertada.
Andy me tuvo que sujetar más fuerte.
-¿Qué quieres? -estaba deseando que se fuera de aquí, ya que pensaba que ella
era la que me producía mareo.
-Tus ojos... -parecía confundida.
-Mis ojos, ¿eh? No son razón para que te quedes mirando como si fueses
estúpida. Así que lárgate -entendía que mis ojos le pareciesen raros, pero se
estaba pasando.
-Tú eres el dragón, el de mi sueño. Con los ojos grises adornados con un aro
morado.
Andrew me sujetó para que no me cayera.
-Estás loca... Lárgate -le dije con dureza.
La chica tembló, como si fuese a echarse a llorar, pero no lo hizo. Me echó una
mirada de desprecio y se dió la vuelta.
-No tenías por qué ponerte así -murmuró con rabia sin mirarme.
Desapareció calle abajo, con el paso decidido de alguien que se siente
humillado.
-¿Qué ha sido eso? -preguntó Andy, frunciendo el entrecejo.
-¿Qué ha sido el qué? -murmuré, todavía algo atontada.
-Parecias a punto de desmayarte y tu mecha... -sacudió la cabeza
desconcertado-. ¡Ahora está normal!
-No sé que ha pasado -contesté-. Te juro que no sé que ha pasado, Andy.
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