31 diciembre
Hannah
Hola.
Me llamo Hannah y
vivo en New York.
Tengo trece años,
y mañana cumplo catorce (¡genial!).
Me encanta leer,
y sobre todo de dragones. Es mi pasión.
Todas las noches
sueño con ellos. Millones de dragones volando en el cielo, siguiendo a un
dragón verde con ojos grises y morados (extrañísimo) en el que yo voy subida.
Mis padres dicen que tanta fantasía no es buena, y menos sobre dragones; raro,
ya que mi madre lo sabe todo sobre ellos, como si hubiera leído mis libros.
Insólito.
Bueno, he ido un
poco rápido; quiero decir, que debo de contar una historia, una que ha sucedido
hoy mismo.
...
Tenía que haber
algún hueco, uno para meter el libro.
-¡Hannah, tenemos
que irnos!
-¡Espera un
segundo!
Tenía que quitar
algo de la maleta si quería poder meter el libro de dragones (que ya he leído
trece veces).
Resulta que me
voy a mudar a Porvoo, Finlandia, uno de los lugares con más vegetación de todo
el mundo, para escapar de la contaminada ciudad.
Quité el cuadro
del dragón verde que veía en mis sueños, y lo sustituí por el libro. Cerré la
maleta y bajé corriendo las escaleras.
La casa estaba
exactamente igual que el primer día que entré en ella, vacía y triste. Subí al
coche de mi padre, y le lancé una sonrisa a través del espejito
delantero.
Mi padre era un
hombre alto, delgado, con pelo y barba cortos y castaños y ojos verdes como yo.
Siempre estaba alegre.
Mi madre tenía pelo
corto y rubio como yo y los ojos azules.
Cuando
arrancaron, me dormí al instante.
Más tarde, sentí
unos brazos tomándome, y luego mi cama mullida.
Un fuerte brillo me despertó. Abrí los ojos, y vi un espectáculo horrible.
La casa estaba en
llamas.
Me puse a gritar,
llamando a mis padres desesperadamente.
-¡¡¡¡Hannah!!!!
¿¡¡¡¡Donde!!!!?
Aún tenía
esperanza, pero las llamas me alcanzaron, y ya no vi nada más.
Desperté sobre una cama. Todo había sido un sueño.
Abrí los ojos.
¡Oh, no! Estaba en un hospital, y tenía los brazos llenos de quemaduras.
Un hombre entro
en la sala, vestido con una bata, y dijo tristemente:
-Señorita
Virtanen, siento comunicarle que usted es la única que ha sobrevivido.
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