domingo, 30 de marzo de 2014

Capítulo 10.

  3 de Enero
  Emily

  Miré a ambos lados antes de fijar mi mirada en la gruesa puerta de madera de arce frente a la que me encontraba. Michael, el chico que nos había recibido, me acababa de dejar allí, después de llevar a Hannah y a Rin a su respectivo cuarto.
  Toqué el pomo de metal y respiré hondo. Me sentía como si me encontrase debajo del agua, como si una presión invisible me impidiese pensar con claridad. En menos de dos días mi vida había cambiado radicalmente y no estaba segura de si me gustaba. No estaba segura de nada.
  Y ahí me encontraba, a las puertas de lo que sería mi nuevo hogar, nuevos compañeros, nuevas costumbres. A decir verdad, me aterraba.
  Me armé de valor y giré el pomo con decisión. Ni siquiera me dio tiempo a tirar de la puerta hacia mí para abrirla, cuando una silueta delgada salió del cuarto, tropezando y tirándonos a los dos al suelo.
  -Lo siento -murmuró con nerviosismo el chico-. Lo siento muchísimo.
  Se levantó con una rapidez y una agilidad inusual para un chico de su complexión y me tendió una mano.
  -Soy Leo, etenuaris negro -sonrío con torpeza mientras me ayudaba a levantarme-. ¿Y tú? Eres nueva, ¿verdad?
  Ladeé la cabeza, ligeramente divertida.
  -Sí. Me llamo Emi. Etenuaris verde.
  El chico se pasó una mano por el pelo negro, algo avergonzado.
  -Te puedo enseñar esto. Mmh... -sus pálidas mejillas se tiñeron de rosa- S-solo si quieres.
  No pude evitar soltar una sonora carcajada. Se le notaba a la legua que era un chico tímido y me dio algo de pena.
  -Claro que sí. Te lo agradecería mucho.
  Leo sonrió, algo más seguro de si mismo.
  -Por aquí -señaló la puerta de arce, por donde había salido, y la traspasó seguido por mí.
  La luz de la habitación fue un estallido blanco sobre mi iris, y por un momento no pude ver nada más. Parpadeé, sorprendida. Nos encontrábamos en una espaciosa sala del tamaño de un campo de fútbol, con las paredes recubiertas de verdes enredaderas. Enormes árboles de troncos extraordinariamente gruesos y rugosos se extendían por el lugar, alzándose hasta rozar el techo, que parecía tan inalcanzable como el sol.
  -¿Te gusta? -Leo se había girado hacia mí y me observaba con una media sonrisa.
  -C-claro -murmuré, anonadada.
  El chico de pelo negro miró hacia uno de los árboles que más cerca estaban. En él había unos chicos, más o menos de mi edad, que se tiraban por turnos de una de las ramas más altas, para convertirse en feroces dragones en medio de la caída.
  -Esos son mis compañeros -dijo Leo, al verme observándolos-. Ven, te los presentaré.
  Nos acercamos a ellos y esperamos a que volviesen a precipitarse del árbol.
  -Esos de allí -señaló a un chico y a una chica rubios, casi idénticos, que hablaban pausada y cautamente-, son Jack y Jenny, los mellizos. No los conozco mucho, pero van a la misma clase que yo. Son algo raritos. Etenuaris azules, como sus ojos.
  Ellos miraron hacia nosotros y el chico hizo un extraño moín con las manos, mientras que la chica tiraba de él hacia un árbol, mirándome con terror.
  -No les hagas caso -Leo rió por lo bajo, con la mirada puesta en sus amigos, que se acercaban a nosotros.
  Sonreí como pude, mordiéndome el labio inferior con nerviosismo.
  -¡Leo! -una chica africana de pelo color canela corrió hacia nosotros y me miró, curiosa- ¿Nueva? -preguntó. Al ver que yo asentía, me tendió una mano- Yo soy Rose, etenuaris rosa. Rosa... palo.
  -Emi -su mano era cálida y suave, y estaba cubierta con unos extraños guantes rosas con la misma textura que su piel-. Etenuaris verde.
  Miré por encima de su hombro y vi a Leo hablando con una adolescente de pelo castaño corto, algo desgreñado. Era robusta y miraba al etenuaris negro con un brillo extraño en los ojos. Leo la arrastró hacia mí.
  -Esta es Megan, una etenuaris naranja.
  Megan me estrechó la mano con demasiada fuerza para mi gusto, haciéndome soltar una exclamación de dolor.
  -Encantada, Emily -murmuró, con su voz teñida por el odio.
  Solté su mano de un tirón y me froté la muñeca, manchándome la mano de sangre del mordisco de Annellie.
  -¡¿Qué te ha pasado?! -Rose me miraba con los ojos abiertos como platos.
  -No es nada -susurré con cansancio-. Resultó que nuestra cocinera era una etenuaris y no tenía muy buenas intenciones.
  Leo me puso una mano en el hombro, con el rostro marcado por la preocupación.
  -Ven -me condujo hasta una puerta blanca camuflada entre las enredaderas y la abrió de un tirón. Chrome - Handwriting

martes, 11 de marzo de 2014

Capitulo 9

    3 enero
    Hannah

    Mientras caminábamos bosque adentro, Emi me cogió del brazo y me llevó lejos de Rin y Andrew. 
    - Oye, mira... - estaba más roja que la sangre que tenía en la camiseta. - Siento... siento no haberte creído...es que... me parecía tan raro que...
    - Tranquila - le sonreí. -  Ya está todo aclarado.
    Resopló.
    -Venga, Emi. Rin y Andrew nos han adelantado por mucho.
    Corrimos hacia nuestros compañeros. Caminamos un rato, que se hizo muy largo, ya que entre todos había un silencio incómodo. Miré al novio de Emily. Estaba algo tenso, normal. A ver, imagínate que tu chica se transforma en un dragón, y que vas paseando con dos niñas que controlan los dragones y el fuego. Además, él era el único normal de la pandilla.
    Me preocupe. ¿Y si él no podía entrar en la escuela que Rin había mencionado?
    Emily parecía tener la misma preocupación, mirando al chico, con tristeza.
    De golpe nos paramos en frente de una secuoya. Rin empezó a hablar con el árbol, creo.
    -Rin Chen Lüo, jinete de dragones; Hannah Virtanen, jinete de dragones; Emily Niami, etenuaris; Andrew Toivolen, mortal.
    -¿Donde quieren ir?
Me gire para ver quien lo había dicho, pero me dí cuenta de que había sido el árbol el que había hablado.
    -Escuela de dragones, planta -2, habitación 18.
    La secuoya se abrió como un ascensor y nos metimos dentro.
    Allí olía a hierbabuena y a savia. Hacía calor, algo agradable, ya que fuera estaba todo cubierto de nieve.
    El árbol-ascensor comenzó a bajar, y una pequeña sacudida me informo de que habíamos llegado.
    Creo que, al salir, fui la que más se sorprendió. Nos encontrábamos en una sala del tamaño de 2 campos de fútbol, con techo, paredes y suelo de piedra blanca. En ella había muchas personas y dragones entrenando. Todo estaba cubierto de hierba y de árboles altísimos, que sobrepasaban el techo. Los jinetes llevaban armadura y armas en cinturones de cuero. Me fije en una chica de pelo rizado de color chocolate, subida en un dragón azul, esquivando obstáculos y dándole órdenes a su amigo gigante.
    Baje la vista, y me quede paralizada. Un chico de ojos marrones y pelo color canela se acercó a nosotros. Era alto y delgado, con los brazos fuertes. Nos miro a todos con una sonrisa juguetona, excepto a Emi, a la que observó más y con una sonrisa más apuesta.
    - Hey. Supongo que seréis nuevos - su voz era encantadoramente suave. Miro a Emily. - No sabía que hubieran etenuaris tan guapas.
    Ella se sonrojó, y Andy se puso delante de ella con el ceño fruncido.
    - Ey, que ya tiene novio
    Me quede algo decepcionada. El chico nos dijo:
    - Os lo enseñare todo.
    Primero nos llevó a una sala que parecía un establo solo que, en vez de caballos, había un montón de dragones de distintos colores y tamaños. Me fijé en uno naranja sin alas, que miró a Rin. Supuse que era suyo, un dragón chino.
    Emily miró preocupada al chico que nos guiaba.
    -Yo no viviré aquí, ¿verdad?
    - No, para las etenuaris hay una sala especial - respondió, soltando una sonora carcajada.
    Luego nos guió a Rin y a mí a una habitación llena de camas. En ella se encontraban un montón de chicos y chicas de nuestra edad, más o menos.
    - ¡Rin! - una chica asiática, idéntica a la compañera de Emily, pero con una coleta alta, se levantó de golpe y vino corriendo hacia nosotros.
    Abrazó a Rin con fuerza y le plantó dos besos en las mejillas.
    - ¡Para, Xiang! No es para tanto - dijo nuestra amiga, con una sincera sonrisa dibujada en los labios.
    Me fijé en que los demás chicos del cuarto eran todos de distintas nacionalidades. Había un chico marroquí, una chica brasileña...
    Cuando Xiang dejó de abrazar a Rin, el chico de pelo color canela nos enseñó nuestras camas, donde taladreé a Rin a preguntas.
    - ¿Quién era esa chica? ¿Y el chico que nos ha traido aquí? ¿Quienes son todas estas personas? ¿Dónde están Emi y Andy?
    Rin me puso una mano delante de la cara.
    - Para, una por una. Esa chica es mi hermana gemela, Xiang. El chico se llama Michael, y es otro jinete, como todas las personas que hay en este cuarto. Y... A Emi la habrán llevado a la habitacion de los semi-dragones. En cuanto a Andy... No sé, seguramente Michael se lo habrá llevado a que le interroguen. Estará bien, - añadió, al ver mi cara de preocupación.
    Ahí cesó la conversación, ya que nada más apoyar la cabeza en la almohada me dormí, vencida por el cansancio. Chrome - Handwriting

Capitulo 8

    3 enero
    Emily

   
 Todo ocurrió tan rápido que no me dio tiempo a reaccionar.
    Sentí una dolorosa punzada en la nuca y cerré los ojos con fuerza. Una cálida y acogedora brisa me envolvió y, por primera vez en mucho tiempo, me sentí a gusto.
    Pero no duró demasiado, ya que una ráfaga de ardiente dolor recorriéndome el brazo me devolvió a la realidad.
    El enorme dragón (Annelli) me incaba los dientes más arriba de la mano. No de la mano... si no de una zarpa. Me sacudí con violencia, haciendo que me soltase y derribando unas cuantas mesas.
    A mi derecha se encontraban Andy, Hannah, y Rin. Los dos primeros me miraban asombrados, pero la chica asiática me sonreía, orgullosa. Estaban rodeados por una cúpula transparente, un poco rojiza, que os protegía del fuego.
    Entonces o entendí todo. Me había transformada en un dragón. "Tú, Emi, eres una etenuaris verde" había dicho Rin. "Para vosotras, una mitad dragón."
    Ahora sabía perfectamente lo que tenía que hacer; le enseñé los colmillos  al dragón  y me abalancé sobre él. Le mordí el hombro y rugió de dolor, haciendo vibrar los cristales.
 Se abalanzó sobre mí y caímos al suelo. Sentí una mesa astillarse en mi espalda, produciendo un gran crujido. Clavé mis garras en la ala derecha de Annellie y tiré con fuerza, desgarrándola. Gruñó de dolor, se levantó  y calló del edificio, formando un gran agujero en la pared.
    Todavía tumbada en el suelo, volví a sentir una punzada en la cabeza y, unos segundos después, era yo de nuevo, rodeada de llamas.
    Andy vino hacia mí y me ayudó a levantarme.
    -¡Emi! ¡Ha sido genial! -dijo Rin, al llegar corriendo, sorprendida-. Pero ahora tenemos que salir de aquí. No podemos quedarnos charlando mientras el edificio se nos cae encima.
    -Pero... - balbuceé, débil-. ¿Y todos los huérfanos que siguen vivos pero están atrapados?
    Una viga ardiendo empezó a desprenderse, pero la cúpula la paró, titilando levemente. Rin cayó de rodillas, jadeando.
    -No creo que quede ninguno vivo y, de todas maneras, no podré mantenerla mucho más -señaló la capa rojiza que nos rodeaba.
    Hannah la sujetó y nos acercamos a la pared destrozada, por la que se vislumbraba  un denso bosque.
    Rin me miró. Una gotita de sudor le resbalaba por la frente. 
    -Ahora, transfórmate de nuevo.
    Parpadeé.
    -¿Qué? -pregunté, sorprendida.
    -De alguna manera tendremos que salir de aquí, ¿no? -dijo, elevando una ceja.
    -¿Quieres que vuele? ¿¡Estás loca?! -pregunté, incrédula.
    -Hazlo, rápido.
    La asiática me escudriñaba, muy seria, rogándome que emprendiese el vuelo sin pensármelo más. Suspiré y cerré y los ojos, intentando apaciguar los acelerados latidos de mi corazón.
    Al momento sentí el familiar dolor en la nuca y, al abrir los ojos, volvía a ser un dragón verde esmeralda.
    Sentí que mis tres amigos se me subían a la espalda.
    -¡Vamos! -gritó Rin-. ¡Vuela!
    "No puedo" dije, desesperada, pero de mi boca solo salió un rugido.
    Noté que una mano me daba palmaditas en la espalda.
    -¡Sí que puedes! -oí vociferar a Hannah; me quedé estupefacta, ¿me había entendido?
    -¡Vamos, Emily! Solo bate las alas -me apremió Rin.
    Apreté los párpados y me lancé al vacío. Extendí las alas y la caída se frenó de golpe. Las batí con fuerza, impulsándome hacia delante. Abrí los ojos. Estaba planeando sobre los árboles, sintiendo el aire azotarme el rostro. Era una sensación genial.
    "¿A dónde vamos?" rugí.
    -Rin, ¿a dónde vamos? -preguntó Hannah.
    -Solo nos internaremos algo más en el bosque, hasta que yo diga de bajar -contestó la chica asiática.
    Seguimos adelante hacia el centro de la espesura y yo empecé a sentirme exhausta. Sentía los miembros entumecidos y, cada movimiento de alas, me producía una punzada de dolor en la espalda.
    -¡Baja, Emi! -gritó Rin.
    Aliviada, empecé a descender. Entonces me dí cuenta de una cosa: no tenía ni idea de como aterrizar. Bajé más, atravesando las copas de los árboles, cuyas ramas me arañaron al pasar.
     Ya estaba bastante cerca del suelo.
    -¿¡Qué haces?! -dijo Hannah, una pizca de temor teñía su voz.
    "Saltad", gruñí.
    -¿Qué? -murmuró, desconcertada.
    "¡Qué saltéis! ¡Ya!"
    -¡Saltad! -ordenó.
    Dejé de sentir sus pesos en mi espalda e inmovilicé las alas contra mi cuerpo. Me concentré en mi aspecto habitual y empecé a sentirme más ligera.
    Un brusco golpe en el costado me avisó de que volvía a estar en tierra. Me dolía todo.
    Conseguí ponerme en pie con dificultad y me tambaleé en la dirección en la que había venido.
    -¡Andy! -grité, desesperada-. ¡Hannah! ¡Rin!
    Escuché unas pisadas sobre las hojas secas.
    -¿¡Hola!? -exclamé, a penas sin fuerza.
    Se me doblaron las rodillas y entreví a alguien corriendo hacia mí. Caí sobre la tierra húmeda, agotada. Noté unas manos que me agarraban de los hombros y me daban la vuelta. Arrodillados a mi lado estaban mis tres compañeros. Hannah seguía aferrándome los hombros con fuerza, como si temiese que me fuera a escapar.
    -¿Estás bien? -preguntó.
    Me incorporé con dificultad hasta quedar sentada y apoyé la espalda contra un árbol.
   -Sí -contesté secamente.
   Andrew me miró con el ceño fruncido.
    -Pues no lo pareces -me pasó un dedo por el pómulo y lo retiró manchado de sangre.
    -Solo es un rasguño, -me encogí de hombros-. Vosotros también tenéis unos cuantos.
    Era cierto, Hannah tenía los brazos llenos de arañazos y el pelo cubierto de hojas secas, mientras que Andy tenía la cara llena de tierra y un corte superficial en la frente. Rin, sin embargo, se agarraba el brazo con una mueca de dolor y le estaba saliendo un buen moratón en la mejilla.
    Hannah cogió mi brazo izquierdo con brusquedad. Apreté los dientes, intentando no gritar de dolor.
    -¿Y esto? -me subió la manga-. ¿Solo un rasguño?
    -Ah, ya, -dije, intentando quitarle importancia-. Madame Annellie me mordió, tampoco es para tanto...
    Las marcas de los dientes eran profundas y la camiseta se me pegaba al brazo por la sangre seca.
    -No seas estúpida, -intervino Rin, enfadada-. Podría infectarse. Además, todavía te sangra. Tenemos que llegar rápido a la escuela.
    -¿A la escuela? -preguntó Andy irritado.
    -Una escuela para medio dragones y sus jinetes -respondió Rin.
    -¿Una escuela para dragones en medio del bosque? -la interrumpí-. Seguro que sobresale de los árboles. Alguien tendría que haberla visto.
    -No entre los árboles -contestó enigmáticamente-. Si no bajo ellos.
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Capitulo 7

    3 enero
    Hannah

    En la cama Rin empezó a hablar.
    -Veréis, seguramente no os lo creáis... -Emily la cortó.
    -¡Oh, por favor! Escupo fuego por la boca. Ya me puedo creer que las hadas existen.
    -Esto... Rin, continua -dije.
    -Ya, bueno. Lo que decía. Esto, o sea, lo que esta pasando...- Rin estaba en parte nerviosa y en parte preocupada-. Ufff..... -pero, de repente, puso cara seria y continuo-. Hannah, tu eres jinete de dragón, controlas el fuego. Puedes hablar con los dragones, al igual que yo.
    Entonces recordé. El dragón de mi hombro era la marca que tenía Rin. La creí.Habían pasado muchas cosas raras. Pero...
    -Espera -comencé- mi marca y la tuya no son iguales. La tuya es una especie de serpiente y la mía es un dragón alado.
    Rin sonrió. 
    -Claro. Es un dragón chino, mi hogar es china -entonces empezó a hablar en un idioma rarísimo-.  我控制着中国的龙。但我注意到,你控制所有。了解为什么外国人。我的意思是我
    No se como, pero la entendí: "Yo controlo los dragones chinos. Pero me he dado cuenta de que tú los controlas a todos. Por eso entiendes a los extranjeros. Por eso me entiendes a mi."
    Emi estaba mirándonos, confundida. Posó sus extraños ojos en mí.
    -¿Que ha dicho? -la ignoramos.
    -Tú, Emi, eres una etenuaris verde.
    -¿Una etenu-que?
    -Para vosotras, una mitad dragón.
    Emily seguramente estaba tan sorprendida como yo. Me miro con cara tipo:" A Rin se le ha ido la chabeta"
    -Rin, -le dijo Emily con calma-. Necesitas dormir, eso es lo que te pasa.
    Rin estaba al borde de las lagrimas.
    -Emi... ¿no me crees?
    -Yo... 
     En ese instante, Andrew entro, más pálido que la cera.
    -Fuego.

     Salimos rápidamente de la habitación.
    La cocina estaba en llamas. 
    Vi a Madame Annellie detrás del mostrador.
    Pero no parecía asustada. Entonces, comenzó a crecer, hasta ser de unos 6 metros. Su piel se volvió roja, y de sus hombros comenzaron a salir gruesas alas.
    El dragón comenzó a hablar con la vocecilla de Annellie.
    -Por fin ha llegado tu hora, Hannah Virtanen, jinete de dragones.

      En el suelo había algunos huérfanos que habían tenido el mismo destino de mis padres. Otros aún respiraban, gracias a Dios.
    Me gire hacía Rin. Estaba asustada pero aun así, puso las manos estiradas y una cúpula roja empezó a protegernos.


    -Emi, transfórmate -dijo.
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Capitulo 6

    3 enero
    Emily
  
    El sol empezó a asomar por detrás de las verdes montañas y Hannah había comenzado ha recuperar su temperatura habitual.
    Yo me sentía ida, distante. No sabía que estaba pasando y, aunque no quisiera admitirlo, en el fondo tenía miedo.
    Bajé de un salto de mi litera y salí con paso firme de la habitación. No podía soportar la tensión que se estaba acumulando en el ambiente, y no quería acabar de mal humor.
    Me apoyé en la pared del pasillo, decorada con papel a rayas marrones, y me deslicé por ella hasta quedar sentada.
    Estaba agotada después de pasar toda la noche en vela. Metí el rostro entre las rodillas y cerré los ojos con fuerza. Sabía perfectamente que, aunque quisiera, no podría dormir, pero al menos allí conseguiría descansar un poco.
    "¿Cómo he hecho eso?" pensaba. "¿Cómo...?"
    Parecía imposible. ¿Echar fuego por la boca? Inverosímil.
    ¿Qué estaba pasando? Sabía que Rin me estaba ocultando algo, se notaba en su forma de moverse, de hablar, de actuar. Pero... ¿qué?
    Imposible de saberlo. Rin era misteriosa como ella sola. Cerrada y discreta.
    Sentí la presencia de alguien a mi lado, presionándose contra mí, haciéndome sentir que no estaba tan sola realmente.
    -¿Te encuentras bien?
    Levanté la cabeza y vi a Andy sonriéndome a mi izquierda. Su gesto era despreocupado y alegre, como el de alguien que no tiene responsabilidades, y no parecía recordar que yo había sido capaz de expulsar fuego por la boca.
    -Sí -dije, y le devolví la sonrisa.
    Entre nosotros se formó un incómodo silencio que parecía expresar a la perfección nuestro estado de ánimo. Los ojos color miel de Andrew parecían apagados y sin vida, el brillo que normalmente se instalaba en el fondo de su iris parecía inexistente.
    -Pareces de mejor humor -su voz me sacó del ensimismamiento.
    Me acarició la mejilla y volvió a sonreír. Le miré y solté una amarga carcajada.
    -Claro que sí. Ya no es dos de enero, ¿verdad? -me levanté y él me observó detenidamente.
    -¿A dónde vas? -preguntó preocupado.
    -Necesito hablar con Rin -y entré en la habitación sin mirarle.

***

    Rin y Hannah hablaban en murmullos, sentadas en una cama. Parecían entablar una conversación muy importante, ya que de vez en cuando Rin miraba furtivamente hacia la ventana. Hannah gesticulaba nerviosamente y se masajeaba el puente de la nariz.
    No se percataron de mi presencia, así que decidí acercarme para intentar escuchar lo que decían.
   -...dragones, pero... ¿ella qué es? Además... ¿dragones? -cuando Hannah dijo es última palabra Rin volvió a dirigirle una nerviosa ojeada al ventanal-. Creía que no existían.
    -¿No has visto lo que ha hecho Emi? Eso... ¿no te pareció raro? - le espetó Rin.
    -Claro que me lo pareció. ¿Qué creías? "Acabo de ver a alguien echar fuego por la boca, ¡lo más normal del mundo!" -susurró enfadada la chica del pelo de fuego.
    Rin la miró tristemente, y durante un momento no habló. Por un instante pensé que me había escuchado.
    -¿Qué es todo esto? ¿Qué está pasando? QUIERO QUE ME EXPLIQUES QUE ES EMI, Y QUÉ SOY YO -nunca había visto así a Hannah, parecía a punto de explotar.
    -Tss... -Rin miró hacia donde yo estaba.
    Me coloqué de modo que una litera se interponía entre nosotras y aguanté la respiración.
    -Emi es... -la interrumpió un fuerte estruendo.
    Yo había tropezado con la estantería que había al lado de la puerta y una pila de libros se había precipitado encima mía, semi-enterrándome.
    Las dos chicas se levantaron de golpe y corrieron alarmadas hacia mí. Rin me apartó los libros de encima, agarró mi brazo y me levantó bruscamente.
    -Ay -protesté.
    Me miró con dureza y suspiró.
    -Ven, creo que te debo una explicación -Rin me llevó hasta la cama, donde nos sentamos las tres.
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Capitulo 5

    2 enero
    Hannah

    Esta chica empezaba a ponerme nerviosa.
    Yo solo intentaba ser amable, y ella no dejaba  de llamarme loca. A ver, también hay que admitir que sería raro que una chica desconocida llegara diciéndote: "Oye, sabes, eres el dragón con el que sueño todas las noches. Genial, ¿no?"
    Pero, quiero decir, todo tenía sentido: la muerte de mis padres había sido causada con fuego y yo había sobrevivido a el, aunque fuera invierno yo no pasaba frío ni siquiera sin mangas, esa marca que había aparecido en mi espalda...y luego estaba esa extraña chica, Emily...
    Rin, la compañera de habitación de Emily, se había quedado conmigo en la habitación seis, mientras el tal Andrew buscaba a su novia.
    Rin era una chica de unos trece o catorce años, de pelo ondulado, castaño oscuro y corto.
    Sus ojos almendrados eran naranjas, y parecían llenos de fuego.
    -Esto... Rin...
    -¿Si? -su voz era cálida.
    -Veras... Yo... -No sabía como contarle que creía que su amiga era un dragón-. Verás... -y, sin pensármelo dos veces, se lo conté todo de un tirón: lo de el incendio en mi casa, mis sueños con el dragón verde, mi marca en el hombro y la extraña sensación de calor que siempre tenía incluso en invierno.  
    -¿Me crees?
    Me sonrió.
    -Claro que sí -se levanto la manga, y vi que tenía un dragón dibujado-. Yo también soy jinete de dragón.

                                    ***

    -No, no entiendo.
    -Pues yo te lo explico -Rin se levantó, y me hizo una señal para que la siguiera.
    Me llevo a donde se suponía que iba a ser mi cama, y levantó la almohada.
    Debajo había muchísimas fotos: en ellas aparecía yo, con nueve años, con diez, con once y... con la edad de ahora.
    En otras aparecía una niña de cinco años, con una mecha verde.
    -¿Emily siempre ha tenido esa mecha? -Rin asintió.
    Me puse a revolver las fotos. Todas las recordaba: una me mostraba con siete años, sonriendo para que se me vieran los dientes porque se me habían caído las dos paletas, en otras aparecía con mis padres, y en otra... aparecía yo desmayada entre las llamas, con una cápsula roja protegiéndome...
    Protegiéndome del fuego.
    -Llevo mucho tiempo buscándote, Hannah Virtanen. Tú y la medio dragón sois las únicas que pueden ayudarnos.
    Sentí un ligero cosquilleo. Me di cuenta de que Rin me estaba sujetando para que no me callesé
    -¡¡Hannah!!¡¡Hannah!! -la oía en un susurro.

     Soñe que mi dragón y yo sobre volábamos un volcán, y que al pasarlo aterrizábamos en una llanura verde bosque.
    Al bajarme, el dragón se iba haciendo más pequeño hasta ser una persona.
    Emily se encontraba de pie en frente mía, sonriéndome como si fuésemos viejas amigas...

     Cuando desperté, estaba empapada, y al abrir los párpados, me encontre a Rin, palidísima, con un cubo de metal chorreando agua en las manos.
    Era de noche, ya que estabamos a oscuras en la habitación
    Pero pude distinguir quienes habían en la sala: Rin, Andrew y Emily.
    -¿Te encuentras...? -me empezó a decir Rin. Pero yo la corté.
    -Frío. Encender fuego.
    Y de repente vi la cosa más rara de mi vida: Emily empezó a echar fuego por la boca, encendiendo la chimenea.
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Capitulo 4

    2 enero
    Emily
    
    Nunca había sentido frío, para mí era algo que no existía, pero en ese momento era lo único que percibía. Un frío horrible que penetraba en cada uno de mis huesos. Y luego oscuridad.

***

    Desperté tumbada en la cama de Rin, mi compañera de litera. Ella me miraba desde los pies, Andy por la derecha y a la izquierda... a la izquierda estaba la chica del pelo de fuego. Su mirada reflejaba preocupación y curiosidad.
    -¿Emily? -dijo Rin-. ¿Cómo te encuentras?
    Intenté levantarme pero un pinchazo en la nuca me advirtió que no era buena idea.
    -Ay -murmuré-. ¿Qué ha pasado?
    -Te desmayaste -señaló la chica del cabello en llamas-. Y te golpeaste la cabeza al caer.
    Los recuerdos llegaron en un torrente de imágenes.
    -El dragón... ¿Cómo te lo has hecho? -pregunté extrañada.
    -No sé -ella se encogió de hombros-. No recordaba tenerlo.
    Suspiré e intenté relajarme. Los pensamientos bullían en mi interior y yo era incapaz de controlarlos.
    -Estás loca, sigo pensándolo -le solté con sequedad.
    Me levanté rápidamente e ignoré el dolor en la parte trasera de la cabeza.
    Aparté a la chica, que parecía dolida y entré en el baño.
    Apoyé la frente en el frío cristal y abrí el grifo, dejando correr el agua.
    Me lavé la cara y volví a salir del aseo.
    Pasé de largo, sin mirarles, y me dirigí al patio.
    No podía creer lo que estaba pasando. No sabía lo que significaba, pero no era nada bueno.
    Me apoyé en la fría barra de metal que separaba el jardín de la calle y dibujé un dragón en la escarcha acumulada en el hierro.
    Dragones, de eso iba todo.
    Noté una mano en el hombro, Andrew. Me giré con una sonrisa, pero se me borró de un plumazo.
   -An... -detrás de mí estaba la chica del pelo de fuego mirándome con un gesto irónico en los labios-. Tú...
    -Siento haberte decepcionado, me llamo Hannah, ¿y tú? -dijo sin borrar esa estúpida sonrisa de sus labios.
    -Emily, y ya puedes estar yéndote, necesito pensar -reconozco que me porté fatal con ella, todo eso no era culpa suya.
    -Lamento mucho todo esto, de verdad. Pero se que llevo soñando muchísimo tiempo contigo -murmuró dejando de sonreír-. Eras un enorme dragón verde, al que yo montaba; y sé que tenemos que averiguar que significa...
    -Significa -le corté-, que lees demasiados libros de dragones.
    Me separé de la barra y me alejé de Hannah. Empezaba a odiar a esa chica que estaba cambiando mi tranquila vida.
    Esta vez me fui a un lugar en el que nadie podría encontrarme, que solo conocía yo.
    Era un pequeño cuarto escondido debajo de la escalera principal, la que llevaba hasta el salón de actos. Al principio estaba lleno de telarañas y bichos pero, después de unos días de escrupulosa limpieza, el lugar parecía un pequeño, aunque acogedor, dormitorio.
    Es, posiblemente, el único sitio con intimidad de la pensión, y yo sabía muy bien como utilizarlo.
    Entré agachando la cabeza y me senté encima de un mullido cojín.
    Estaba tan confundida que pasé toda la tarde intentando ordenar mis pensamientos. Se hizo de noche y yo todavía estaba hecha un lío.
    La puerta del pequeño cuarto se abrió de golpe y sentí que se me paraba el corazón. Andy asomó la cabeza por la entrada y me miró con cara de enfado.
    -¿Qué haces aquí? - preguntó-. Llevamos mucho tiempo buscándote y no aparecías, estábamos muy preocupados.
    -¿Co... cómo sabías de este sitio? -murmuré estupefacta.
    Sonrió enigmáticamente.
    -Te vi entrar el otro día -contestó.
    Le miré con rabia.
    -Era el único sitio en el que podía estar sola y lo has estropeado.
    -Tranquila, puedes confiar en mí -se inclinó y me dio un ligero beso en los labios-. Vámonos o nos quedaremos sin cena.
    Me ayudó a levantarme y nos dirigimos al comedor.
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Capítulo 3

    2 enero
    Hannah
  
    En cuanto la vi, supe que era el dragón de mis sueños. 
    Era una chica alta, de pelo cobrizo y una mecha verde fluorescente en mitad del pelo.
    Sus ojos eran como los de mi dragón.
    Lo raro era que casi se desmaya cuando me acerqué a ella.
                                                             ...
    -Estás loca, lárgate -me dijo.
    -Tampoco tenías que hablarme así... -ella no podía ser mi  dragón, como se me había ocurrido. 
    Se parecía, ¿y que?
    Me dirigí hacía el internado Polttava orvot, que significa huérfanos ardiendo en finlés.
    Yo sabía hablar solo un idioma, pero cada vez que hablaba con gente extranjera, les entendía, y ellos a mí.

    Al llegar al internado, vi que no había nadie. 
    Me encontré con una mujer en la cocina.
    -Hola, cielo -me dijo con voz tierna-. Debes de ser la nueva. Yo soy Madame Annille.
    -Encantada. Me llamo Hannah Virtanen.
    Casi le tiendo una mano, pero me di cuenta de que las tenia llenas de aceite y grasa.
    -Tu habitación es la seis, la única con una cama libre.

    Entré. Casi me da un infarto.
    En una cama se encontraba la chica tan "agradable" que había conocido cerca del hospital.
    Al lado se encontraba el otro chico que había estado con ella.
    Al verme, la chica se puso en pie, llena de ira. Su mecha verde clarísimo ardía de rabia.
    Y lo digo en serio. De ella salía humo. Un momento, ¿antes no era fosforito?
    -¡¿Que haces tu aquí?! -me gritó.
    -Esta es mi habitación -le contesté con crueldad-. Mis padres murieron ayer.
    Durante unos segundos su mirada se entristeció, pero luego se llenó otra vez de ira.
    En ese instante supe que ella y yo nos parecíamos más de lo que creíamos.

    Les di la espalda y casi me doy de bruces con un espejo. Llevaba una camiseta azul sin mangas (raro, ya que era invierno) y unos tejanos azules, los dos chamuscados.
    -¿Qué es ese dibujo que tienes en la espalda? -me preguntó el chico.
    Miré hacia donde indicaba. Dios. Tenía un dragón dibujado con fuego detrás del hombro.
    Al verlo la otra chica se desmayó.
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Capítulo 2

    2 enero
    Emily

    Hola. 
    Me llamo Emily, aunque mis amigos me llaman Emi. Sería más acertado decir mi mejor amiga y mi novio, ya que no me llevo muy bien con la gente.
    Hoy cumplo quince años, una edad en la que todo comienza a cambiar.
    Vivo en Porvoo, Finlandia; en un pequeño internado para niños huérfanos llamado Polttava orvot. 
    Sí, no tengo padres. Murieron poco después de mi nacimiento y estoy sola desde entonces, sola aunque rodeada de gente.
    Adoro los libros, son mi única compañía. Leo por las noches, debajo de las sábanas a la luz de una linterna; leo mientras como; leo en mi tiempo libre y hasta a veces en medio de una clase. 
    Aunque siempre que leo mucho acabo teniendo sueños raros en los que soy un extraño dragón. 
    Ya os he contado como soy, así que empezaré a relatar mi historia.

                                                        ***

    Sentía los párpados pesados como piedras y una pequeña brisa de aire frío se colaba por la sábana. Unos suaves dedos me acariciaban la planta del pie, haciéndome cosquillas.
    -Para -murmuré somnolienta.
    -Vamos, levántate dormilona, que hoy es domingo -me apremió una voz muy familiar.
    -Venga, Andy, déjame un poco más -enrollé las sábanas alrededor de mí, perezosa.
    -Ya son las nueve y media. Madame Annelli cerrará el comedor dentro de poco, y como no te des prisa te quedarás sin desayuno -dijo Andrew.
    Emití un gruñido de fastidio y abrí los ojos con dificultad. La enorme habitación que compartía con otras tres chicas estaba completamente vacía, exceptuando a un chico que se hallaba de pie al lado de la litera, con el índice apoyado en la parte baja de mi pié. Me ofrecía una radiante sonrisa que hacía que se iluminasen sus preciosos ojos color miel.
    -Felicidades -susurró con voz dulce.
    Se acercó a mí y posó sus labios encima de los míos, dejándome paralizada. Se separó y se revolvió el pelo castaño con una mano.
    -¿A qué esperas? Que yo también tengo hambre -me urgió en tono burlón.  
    Bajé de la litera de un salto, cogí mi ropa y fui hasta el baño. 
    Me puse la camiseta de Imagine Dragons que me regalaron el año pasado y unos vaqueros desgastados, me cepillé el  pelo cobrizo con rapidez y salí corriendo del aseo.
    -Vamos -le dije a Andy.
    
    El día fue bastante mejor de lo que esperaba. Ya que era domingo, nos dejaron salir a dar una vuelta por el centro de Helsinki. 
    -¿Quieres que vayamos a Toinen linja? -me preguntó Andrew, en un desesperado intento por animarme.
    -Vale -contesté sin ganas.
    Aquel no era un buen día. Mis padres murieron en esa fecha, hace trece años. Vale que era mi cumpleaños pero... yo era incapaz de pasarlo bien. Me aplastaba la tristeza de no saber qué era tener padres, de echarlos de menos sin ni siquiera haberlos conocido. Pero no me daba cuenta de que mi verdadera historia, no empezaba con mi nacimiento. 
    
     De camino a Toinen linja, que significa La segunda línea, pasamos por delante del Hospital central de la Universidad de Helsinki. Justo en ese momento, una chica rubia con mechas rojo fuego salió de la clínica. Sentí un escalofrío y el vello de los brazos se me puso de punta. Paré en seco y Andy me miró preocupado.
    -¿Qué pasa, Emi? 
    -Nada -titubeé. No podía moverme, me había quedado completamente paralizada.
    -¿Emily? ¿Tu mecha no era verde bosque? -preguntó inquieto.
    -Sí -una horrible sensación de vértigo se instaló en mi pecho-. ¿De qué color está?
    Andrew tardó un rato en contestar.
    -Es verde fosforito...
    El vértigo, junto con una pizca de terror, empezó a crecer en lo más hondo de mi mente. Me tambaleé hacia atrás y sentí que Andy me agarraba del brazo, alarmado. 
    La chica se acercó a nosotros, con intención de encaminarse en la dirección en la que habíamos venido.
    Pero de repente nuestros ojos se cruzaron y ví como ella se estremecía. Se dirigió hacia donde estábamos y clavó su intensa mirada verde en mí. 
    -Tú... -murmuró desconcertada.
    Andy me tuvo que sujetar más fuerte.
    -¿Qué quieres? -estaba deseando que se fuera de aquí, ya que pensaba que ella era la que me producía mareo.
    -Tus ojos... -parecía confundida.
    -Mis ojos, ¿eh? No son razón para que te quedes mirando como si fueses estúpida. Así que lárgate -entendía que mis ojos le pareciesen raros, pero se estaba pasando.
    -Tú eres el dragón, el de mi sueño. Con los ojos grises adornados con un aro morado.
    Andrew me sujetó para que no me cayera.
    -Estás loca... Lárgate -le dije con dureza.
    La chica tembló, como si fuese a echarse a llorar, pero no lo hizo. Me echó una mirada de desprecio y se dió la vuelta.
    -No tenías por qué ponerte así -murmuró con rabia sin mirarme.
    Desapareció calle abajo, con el paso decidido de alguien que se siente humillado.
    
    -¿Qué ha sido eso? -preguntó Andy, frunciendo el entrecejo.
    -¿Qué ha sido el qué? -murmuré, todavía algo atontada.
    -Parecias a punto de desmayarte y tu mecha... -sacudió la cabeza desconcertado-. ¡Ahora está normal!


    -No sé que ha pasado -contesté-. Te juro que no sé que ha pasado, Andy.
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Capítulo 1

    31 diciembre
    Hannah  
    
    Hola.
    Me llamo Hannah y vivo en New York.
    Tengo trece años, y mañana cumplo catorce (¡genial!).
    Me encanta leer, y sobre todo de dragones. Es mi pasión.
    Todas las noches sueño con ellos. Millones de dragones volando en el cielo, siguiendo a un dragón verde con ojos grises y morados (extrañísimo) en el que yo voy subida. Mis padres dicen que tanta fantasía no es buena, y menos sobre dragones; raro, ya que mi madre lo sabe todo sobre ellos, como si hubiera leído mis libros.
    Insólito.
    Bueno, he ido un poco rápido; quiero decir, que debo de contar una historia, una que ha sucedido hoy mismo.
                                                  ...
    Tenía que haber algún hueco, uno para meter el libro.
    -¡Hannah, tenemos que irnos!
    -¡Espera un segundo!
    Tenía que quitar algo de la maleta si quería poder meter el libro de dragones (que ya he leído trece veces).
    Resulta que me voy a mudar a Porvoo, Finlandia, uno de los lugares con más vegetación de todo el mundo, para escapar de la contaminada ciudad.
    Quité el cuadro del dragón verde que veía en mis sueños, y lo sustituí por el libro. Cerré la maleta y bajé corriendo las escaleras.
    La casa estaba exactamente igual que el primer día que entré en ella, vacía y triste. Subí al coche de mi padre, y le lancé una sonrisa a través del espejito delantero. 
    Mi padre era un hombre alto, delgado, con pelo y barba cortos y castaños y ojos verdes como yo. Siempre estaba alegre.
    Mi madre tenía pelo corto y rubio como yo y los ojos azules.
    Cuando arrancaron, me dormí al instante.
    Más tarde, sentí unos brazos tomándome, y luego mi cama mullida.

     Un fuerte brillo me despertó. Abrí los ojos, y vi un espectáculo horrible.
    La casa estaba en llamas. 
    Me puse a gritar, llamando a mis padres desesperadamente.
    -¡¡¡¡Hannah!!!! ¿¡¡¡¡Donde!!!!?
    Aún tenía esperanza, pero las llamas me alcanzaron, y ya no vi nada más.

    Desperté sobre una cama. Todo había sido un sueño.
    Abrí los ojos. ¡Oh, no! Estaba en un hospital, y tenía los brazos llenos de quemaduras.
    Un hombre entro en la sala, vestido con una bata, y dijo tristemente:
    -Señorita Virtanen, siento comunicarle que usted es la única que ha sobrevivido.
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