3 enero
Emily
El sol empezó a asomar
por detrás de las verdes montañas y Hannah había comenzado ha recuperar su
temperatura habitual.
Yo me sentía ida,
distante. No sabía que estaba pasando y, aunque no quisiera admitirlo, en el
fondo tenía miedo.
Bajé de un salto de mi
litera y salí con paso firme de la habitación. No podía soportar la tensión que
se estaba acumulando en el ambiente, y no quería acabar de mal humor.
Me apoyé en la pared
del pasillo, decorada con papel a rayas marrones, y me deslicé por ella hasta
quedar sentada.
Estaba agotada
después de pasar toda la noche en vela. Metí el rostro entre las rodillas y
cerré los ojos con fuerza. Sabía perfectamente que, aunque quisiera, no podría
dormir, pero al menos allí conseguiría descansar un poco.
"¿Cómo he
hecho eso?" pensaba. "¿Cómo...?"
Parecía
imposible. ¿Echar fuego por la boca? Inverosímil.
¿Qué estaba
pasando? Sabía que Rin me estaba ocultando algo, se notaba en su forma de
moverse, de hablar, de actuar. Pero... ¿qué?
Imposible de
saberlo. Rin era misteriosa como ella sola. Cerrada y discreta.
Sentí la
presencia de alguien a mi lado, presionándose contra mí, haciéndome sentir que
no estaba tan sola realmente.
-¿Te encuentras bien?
Levanté la cabeza
y vi a Andy sonriéndome a mi izquierda. Su gesto era despreocupado y alegre,
como el de alguien que no tiene responsabilidades, y no parecía recordar que yo
había sido capaz de expulsar fuego por la boca.
-Sí -dije, y le
devolví la sonrisa.
Entre nosotros se
formó un incómodo silencio que parecía expresar a la perfección nuestro estado
de ánimo. Los ojos color miel de Andrew parecían apagados y sin vida, el brillo
que normalmente se instalaba en el fondo de su iris parecía inexistente.
-Pareces de mejor
humor -su voz me sacó del ensimismamiento.
Me acarició la
mejilla y volvió a sonreír. Le miré y solté una amarga carcajada.
-Claro que sí. Ya
no es dos de enero, ¿verdad? -me levanté y él me observó detenidamente.
-¿A dónde vas?
-preguntó preocupado.
-Necesito hablar
con Rin -y entré en la habitación sin mirarle.
***
Rin y Hannah
hablaban en murmullos, sentadas en una cama. Parecían entablar una conversación
muy importante, ya que de vez en cuando Rin miraba furtivamente hacia la
ventana. Hannah gesticulaba nerviosamente y se masajeaba el puente de la nariz.
No se percataron de mi
presencia, así que decidí acercarme para intentar escuchar lo que decían.
-...dragones, pero...
¿ella qué es? Además... ¿dragones? -cuando Hannah dijo es última palabra Rin
volvió a dirigirle una nerviosa ojeada al ventanal-. Creía que no existían.
-¿No has visto lo
que ha hecho Emi? Eso... ¿no te pareció raro? - le espetó Rin.
-Claro que me lo
pareció. ¿Qué creías? "Acabo de ver a alguien echar fuego por la boca, ¡lo
más normal del mundo!" -susurró enfadada la chica del pelo de fuego.
Rin la miró
tristemente, y durante un momento no habló. Por un instante pensé que me había
escuchado.
-¿Qué es todo
esto? ¿Qué está pasando? QUIERO QUE ME EXPLIQUES QUE ES EMI, Y QUÉ SOY YO
-nunca había visto así a Hannah, parecía a punto de explotar.
-Tss... -Rin miró
hacia donde yo estaba.
Me coloqué de
modo que una litera se interponía entre nosotras y aguanté la respiración.
-Emi es... -la
interrumpió un fuerte estruendo.
Yo había
tropezado con la estantería que había al lado de la puerta y una pila de libros
se había precipitado encima mía, semi-enterrándome.
Las dos chicas se
levantaron de golpe y corrieron alarmadas hacia mí. Rin me apartó los libros de
encima, agarró mi brazo y me levantó bruscamente.
-Ay -protesté.
Me miró con
dureza y suspiró.
-Ven, creo que te
debo una explicación -Rin me llevó hasta la cama, donde nos sentamos las tres.
No hay comentarios:
Publicar un comentario