3 enero
Hannah
Mientras caminábamos bosque adentro, Emi me cogió del brazo y me llevó lejos de Rin y Andrew.
- Oye, mira... -
estaba más roja que la sangre que tenía en la camiseta. - Siento... siento no
haberte creído...es que... me parecía tan raro que...
- Tranquila - le
sonreí. - Ya está todo
aclarado.
Resopló.
-Venga, Emi. Rin
y Andrew nos han adelantado por mucho.
Corrimos hacia
nuestros compañeros. Caminamos un rato, que se hizo muy largo, ya que entre
todos había un silencio incómodo. Miré al novio de Emily. Estaba algo tenso,
normal. A ver, imagínate que tu chica se transforma en un dragón, y que vas
paseando con dos niñas que controlan los dragones y el fuego. Además, él era el
único normal de la pandilla.
Me preocupe. ¿Y
si él no podía entrar en la escuela que Rin había mencionado?
Emily parecía
tener la misma preocupación, mirando al chico, con tristeza.
De golpe nos
paramos en frente de una secuoya. Rin empezó a hablar con el árbol, creo.
-Rin Chen Lüo,
jinete de dragones; Hannah Virtanen, jinete de dragones; Emily Niami,
etenuaris; Andrew Toivolen, mortal.
-¿Donde quieren
ir?
Me gire para ver quien lo había
dicho, pero me dí cuenta de que había sido el árbol el que había hablado.
-Escuela de
dragones, planta -2, habitación 18.
La secuoya se
abrió como un ascensor y nos metimos dentro.
Allí olía a
hierbabuena y a savia. Hacía calor, algo agradable, ya que fuera estaba todo
cubierto de nieve.
El árbol-ascensor
comenzó a bajar, y una pequeña sacudida me informo de que habíamos llegado.
Creo que, al
salir, fui la que más se sorprendió. Nos encontrábamos en una sala del tamaño
de 2 campos de fútbol, con techo, paredes y suelo de piedra blanca. En ella
había muchas personas y dragones entrenando. Todo estaba cubierto de hierba y
de árboles altísimos, que sobrepasaban el techo. Los jinetes llevaban armadura
y armas en cinturones de cuero. Me fije en una chica de pelo rizado de color
chocolate, subida en un dragón azul, esquivando obstáculos y dándole órdenes a
su amigo gigante.
Baje la vista, y
me quede paralizada. Un chico de ojos marrones y pelo color canela se acercó a
nosotros. Era alto y delgado, con los brazos fuertes. Nos miro a todos con una
sonrisa juguetona, excepto a Emi, a la que observó más y con una sonrisa más
apuesta.
- Hey. Supongo
que seréis nuevos - su voz era encantadoramente suave. Miro a Emily. - No sabía
que hubieran etenuaris tan guapas.
Ella se sonrojó,
y Andy se puso delante de ella con el ceño fruncido.
- Ey, que ya
tiene novio
Me quede algo
decepcionada. El chico nos dijo:
- Os lo enseñare
todo.
Primero nos llevó a
una sala que parecía un establo solo que, en vez de caballos, había un montón
de dragones de distintos colores y tamaños. Me fijé en uno naranja sin alas,
que miró a Rin. Supuse que era suyo, un dragón chino.
Emily miró preocupada
al chico que nos guiaba.
-Yo no viviré aquí,
¿verdad?
- No, para las
etenuaris hay una sala especial - respondió, soltando una sonora carcajada.
Luego nos guió a Rin y
a mí a una habitación llena de camas. En ella se encontraban un montón de
chicos y chicas de nuestra edad, más o menos.
- ¡Rin! - una chica
asiática, idéntica a la compañera de Emily, pero con una coleta alta, se
levantó de golpe y vino corriendo hacia nosotros.
Abrazó a Rin con
fuerza y le plantó dos besos en las mejillas.
- ¡Para, Xiang! No es
para tanto - dijo nuestra amiga, con una sincera sonrisa dibujada en los
labios.
Me fijé en que los
demás chicos del cuarto eran todos de distintas nacionalidades. Había un chico
marroquí, una chica brasileña...
Cuando Xiang dejó de
abrazar a Rin, el chico de pelo color canela nos enseñó nuestras camas, donde
taladreé a Rin a preguntas.
- ¿Quién era esa
chica? ¿Y el chico que nos ha traido aquí? ¿Quienes son todas estas personas?
¿Dónde están Emi y Andy?
Rin me puso una mano
delante de la cara.
- Para, una por una.
Esa chica es mi hermana gemela, Xiang. El chico se llama Michael, y es otro
jinete, como todas las personas que hay en este cuarto. Y... A Emi la habrán
llevado a la habitacion de los semi-dragones. En cuanto a Andy... No sé,
seguramente Michael se lo habrá llevado a que le interroguen. Estará bien, -
añadió, al ver mi cara de preocupación.
Ahí cesó
la conversación, ya que nada más apoyar la cabeza en la almohada me dormí,
vencida por el cansancio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario