martes, 11 de marzo de 2014

Capitulo 8

    3 enero
    Emily

   
 Todo ocurrió tan rápido que no me dio tiempo a reaccionar.
    Sentí una dolorosa punzada en la nuca y cerré los ojos con fuerza. Una cálida y acogedora brisa me envolvió y, por primera vez en mucho tiempo, me sentí a gusto.
    Pero no duró demasiado, ya que una ráfaga de ardiente dolor recorriéndome el brazo me devolvió a la realidad.
    El enorme dragón (Annelli) me incaba los dientes más arriba de la mano. No de la mano... si no de una zarpa. Me sacudí con violencia, haciendo que me soltase y derribando unas cuantas mesas.
    A mi derecha se encontraban Andy, Hannah, y Rin. Los dos primeros me miraban asombrados, pero la chica asiática me sonreía, orgullosa. Estaban rodeados por una cúpula transparente, un poco rojiza, que os protegía del fuego.
    Entonces o entendí todo. Me había transformada en un dragón. "Tú, Emi, eres una etenuaris verde" había dicho Rin. "Para vosotras, una mitad dragón."
    Ahora sabía perfectamente lo que tenía que hacer; le enseñé los colmillos  al dragón  y me abalancé sobre él. Le mordí el hombro y rugió de dolor, haciendo vibrar los cristales.
 Se abalanzó sobre mí y caímos al suelo. Sentí una mesa astillarse en mi espalda, produciendo un gran crujido. Clavé mis garras en la ala derecha de Annellie y tiré con fuerza, desgarrándola. Gruñó de dolor, se levantó  y calló del edificio, formando un gran agujero en la pared.
    Todavía tumbada en el suelo, volví a sentir una punzada en la cabeza y, unos segundos después, era yo de nuevo, rodeada de llamas.
    Andy vino hacia mí y me ayudó a levantarme.
    -¡Emi! ¡Ha sido genial! -dijo Rin, al llegar corriendo, sorprendida-. Pero ahora tenemos que salir de aquí. No podemos quedarnos charlando mientras el edificio se nos cae encima.
    -Pero... - balbuceé, débil-. ¿Y todos los huérfanos que siguen vivos pero están atrapados?
    Una viga ardiendo empezó a desprenderse, pero la cúpula la paró, titilando levemente. Rin cayó de rodillas, jadeando.
    -No creo que quede ninguno vivo y, de todas maneras, no podré mantenerla mucho más -señaló la capa rojiza que nos rodeaba.
    Hannah la sujetó y nos acercamos a la pared destrozada, por la que se vislumbraba  un denso bosque.
    Rin me miró. Una gotita de sudor le resbalaba por la frente. 
    -Ahora, transfórmate de nuevo.
    Parpadeé.
    -¿Qué? -pregunté, sorprendida.
    -De alguna manera tendremos que salir de aquí, ¿no? -dijo, elevando una ceja.
    -¿Quieres que vuele? ¿¡Estás loca?! -pregunté, incrédula.
    -Hazlo, rápido.
    La asiática me escudriñaba, muy seria, rogándome que emprendiese el vuelo sin pensármelo más. Suspiré y cerré y los ojos, intentando apaciguar los acelerados latidos de mi corazón.
    Al momento sentí el familiar dolor en la nuca y, al abrir los ojos, volvía a ser un dragón verde esmeralda.
    Sentí que mis tres amigos se me subían a la espalda.
    -¡Vamos! -gritó Rin-. ¡Vuela!
    "No puedo" dije, desesperada, pero de mi boca solo salió un rugido.
    Noté que una mano me daba palmaditas en la espalda.
    -¡Sí que puedes! -oí vociferar a Hannah; me quedé estupefacta, ¿me había entendido?
    -¡Vamos, Emily! Solo bate las alas -me apremió Rin.
    Apreté los párpados y me lancé al vacío. Extendí las alas y la caída se frenó de golpe. Las batí con fuerza, impulsándome hacia delante. Abrí los ojos. Estaba planeando sobre los árboles, sintiendo el aire azotarme el rostro. Era una sensación genial.
    "¿A dónde vamos?" rugí.
    -Rin, ¿a dónde vamos? -preguntó Hannah.
    -Solo nos internaremos algo más en el bosque, hasta que yo diga de bajar -contestó la chica asiática.
    Seguimos adelante hacia el centro de la espesura y yo empecé a sentirme exhausta. Sentía los miembros entumecidos y, cada movimiento de alas, me producía una punzada de dolor en la espalda.
    -¡Baja, Emi! -gritó Rin.
    Aliviada, empecé a descender. Entonces me dí cuenta de una cosa: no tenía ni idea de como aterrizar. Bajé más, atravesando las copas de los árboles, cuyas ramas me arañaron al pasar.
     Ya estaba bastante cerca del suelo.
    -¿¡Qué haces?! -dijo Hannah, una pizca de temor teñía su voz.
    "Saltad", gruñí.
    -¿Qué? -murmuró, desconcertada.
    "¡Qué saltéis! ¡Ya!"
    -¡Saltad! -ordenó.
    Dejé de sentir sus pesos en mi espalda e inmovilicé las alas contra mi cuerpo. Me concentré en mi aspecto habitual y empecé a sentirme más ligera.
    Un brusco golpe en el costado me avisó de que volvía a estar en tierra. Me dolía todo.
    Conseguí ponerme en pie con dificultad y me tambaleé en la dirección en la que había venido.
    -¡Andy! -grité, desesperada-. ¡Hannah! ¡Rin!
    Escuché unas pisadas sobre las hojas secas.
    -¿¡Hola!? -exclamé, a penas sin fuerza.
    Se me doblaron las rodillas y entreví a alguien corriendo hacia mí. Caí sobre la tierra húmeda, agotada. Noté unas manos que me agarraban de los hombros y me daban la vuelta. Arrodillados a mi lado estaban mis tres compañeros. Hannah seguía aferrándome los hombros con fuerza, como si temiese que me fuera a escapar.
    -¿Estás bien? -preguntó.
    Me incorporé con dificultad hasta quedar sentada y apoyé la espalda contra un árbol.
   -Sí -contesté secamente.
   Andrew me miró con el ceño fruncido.
    -Pues no lo pareces -me pasó un dedo por el pómulo y lo retiró manchado de sangre.
    -Solo es un rasguño, -me encogí de hombros-. Vosotros también tenéis unos cuantos.
    Era cierto, Hannah tenía los brazos llenos de arañazos y el pelo cubierto de hojas secas, mientras que Andy tenía la cara llena de tierra y un corte superficial en la frente. Rin, sin embargo, se agarraba el brazo con una mueca de dolor y le estaba saliendo un buen moratón en la mejilla.
    Hannah cogió mi brazo izquierdo con brusquedad. Apreté los dientes, intentando no gritar de dolor.
    -¿Y esto? -me subió la manga-. ¿Solo un rasguño?
    -Ah, ya, -dije, intentando quitarle importancia-. Madame Annellie me mordió, tampoco es para tanto...
    Las marcas de los dientes eran profundas y la camiseta se me pegaba al brazo por la sangre seca.
    -No seas estúpida, -intervino Rin, enfadada-. Podría infectarse. Además, todavía te sangra. Tenemos que llegar rápido a la escuela.
    -¿A la escuela? -preguntó Andy irritado.
    -Una escuela para medio dragones y sus jinetes -respondió Rin.
    -¿Una escuela para dragones en medio del bosque? -la interrumpí-. Seguro que sobresale de los árboles. Alguien tendría que haberla visto.
    -No entre los árboles -contestó enigmáticamente-. Si no bajo ellos.
Chrome - Handwriting

No hay comentarios:

Publicar un comentario