2 enero
Emily
Nunca había sentido
frío, para mí era algo que no existía, pero en ese momento era lo único que percibía.
Un frío horrible que penetraba en cada uno de mis huesos. Y luego oscuridad.
***
Desperté tumbada en la cama de Rin, mi compañera de litera. Ella me miraba desde los pies, Andy por la derecha y a la izquierda... a la izquierda estaba la chica del pelo de fuego. Su mirada reflejaba preocupación y curiosidad.
-¿Emily? -dijo Rin-.
¿Cómo te encuentras?
Intenté levantarme
pero un pinchazo en la nuca me advirtió que no era buena idea.
-Ay -murmuré-. ¿Qué ha
pasado?
-Te desmayaste -señaló
la chica del cabello en llamas-. Y te golpeaste la cabeza al caer.
Los recuerdos llegaron
en un torrente de imágenes.
-El dragón... ¿Cómo te
lo has hecho? -pregunté extrañada.
-No sé -ella se
encogió de hombros-. No recordaba tenerlo.
Suspiré e intenté
relajarme. Los pensamientos bullían en mi interior y yo era incapaz de
controlarlos.
-Estás loca, sigo
pensándolo -le solté con sequedad.
Me levanté rápidamente
e ignoré el dolor en la parte trasera de la cabeza.
Aparté a la chica, que
parecía dolida y entré en el baño.
Apoyé la frente en el
frío cristal y abrí el grifo, dejando correr el agua.
Me lavé la cara y
volví a salir del aseo.
Pasé de largo, sin
mirarles, y me dirigí al patio.
No podía creer lo que estaba
pasando. No sabía lo que significaba, pero no era nada bueno.
Me apoyé en la fría
barra de metal que separaba el jardín de la calle y dibujé un dragón en la
escarcha acumulada en el hierro.
Dragones, de eso iba
todo.
Noté una mano en el hombro,
Andrew. Me giré con una sonrisa, pero se me borró de un plumazo.
-An... -detrás de mí
estaba la chica del pelo de fuego mirándome con un gesto irónico en los
labios-. Tú...
-Siento haberte
decepcionado, me llamo Hannah, ¿y tú? -dijo sin borrar esa estúpida sonrisa de
sus labios.
-Emily, y ya puedes
estar yéndote, necesito pensar -reconozco que me porté fatal con ella, todo eso
no era culpa suya.
-Lamento mucho todo
esto, de verdad. Pero se que llevo soñando muchísimo tiempo contigo -murmuró
dejando de sonreír-. Eras un enorme dragón verde, al que yo montaba; y sé que
tenemos que averiguar que significa...
-Significa -le corté-,
que lees demasiados libros de dragones.
Me separé de la barra
y me alejé de Hannah. Empezaba a odiar a esa chica que estaba cambiando mi
tranquila vida.
Esta vez me fui a un
lugar en el que nadie podría encontrarme, que solo conocía yo.
Era un pequeño cuarto
escondido debajo de la escalera principal, la que llevaba hasta el salón de
actos. Al principio estaba lleno de telarañas y bichos pero, después de unos
días de escrupulosa limpieza, el lugar parecía un pequeño, aunque acogedor,
dormitorio.
Es, posiblemente, el
único sitio con intimidad de la pensión, y yo sabía muy bien como utilizarlo.
Entré agachando la
cabeza y me senté encima de un mullido cojín.
Estaba tan confundida
que pasé toda la tarde intentando ordenar mis pensamientos. Se hizo de noche y
yo todavía estaba hecha un lío.
La puerta del pequeño
cuarto se abrió de golpe y sentí que se me paraba el corazón. Andy asomó la
cabeza por la entrada y me miró con cara de enfado.
-¿Qué haces aquí? -
preguntó-. Llevamos mucho tiempo buscándote y no aparecías, estábamos muy
preocupados.
-¿Co... cómo sabías de
este sitio? -murmuré estupefacta.
Sonrió
enigmáticamente.
-Te vi entrar el otro
día -contestó.
Le miré con rabia.
-Era el único sitio en
el que podía estar sola y lo has estropeado.
-Tranquila, puedes
confiar en mí -se inclinó y me dio un ligero beso en los labios-. Vámonos o nos
quedaremos sin cena.
Me ayudó a levantarme
y nos dirigimos al comedor.
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