martes, 11 de marzo de 2014

Capitulo 4

    2 enero
    Emily
    
    Nunca había sentido frío, para mí era algo que no existía, pero en ese momento era lo único que percibía. Un frío horrible que penetraba en cada uno de mis huesos. Y luego oscuridad.

***

    Desperté tumbada en la cama de Rin, mi compañera de litera. Ella me miraba desde los pies, Andy por la derecha y a la izquierda... a la izquierda estaba la chica del pelo de fuego. Su mirada reflejaba preocupación y curiosidad.
    -¿Emily? -dijo Rin-. ¿Cómo te encuentras?
    Intenté levantarme pero un pinchazo en la nuca me advirtió que no era buena idea.
    -Ay -murmuré-. ¿Qué ha pasado?
    -Te desmayaste -señaló la chica del cabello en llamas-. Y te golpeaste la cabeza al caer.
    Los recuerdos llegaron en un torrente de imágenes.
    -El dragón... ¿Cómo te lo has hecho? -pregunté extrañada.
    -No sé -ella se encogió de hombros-. No recordaba tenerlo.
    Suspiré e intenté relajarme. Los pensamientos bullían en mi interior y yo era incapaz de controlarlos.
    -Estás loca, sigo pensándolo -le solté con sequedad.
    Me levanté rápidamente e ignoré el dolor en la parte trasera de la cabeza.
    Aparté a la chica, que parecía dolida y entré en el baño.
    Apoyé la frente en el frío cristal y abrí el grifo, dejando correr el agua.
    Me lavé la cara y volví a salir del aseo.
    Pasé de largo, sin mirarles, y me dirigí al patio.
    No podía creer lo que estaba pasando. No sabía lo que significaba, pero no era nada bueno.
    Me apoyé en la fría barra de metal que separaba el jardín de la calle y dibujé un dragón en la escarcha acumulada en el hierro.
    Dragones, de eso iba todo.
    Noté una mano en el hombro, Andrew. Me giré con una sonrisa, pero se me borró de un plumazo.
   -An... -detrás de mí estaba la chica del pelo de fuego mirándome con un gesto irónico en los labios-. Tú...
    -Siento haberte decepcionado, me llamo Hannah, ¿y tú? -dijo sin borrar esa estúpida sonrisa de sus labios.
    -Emily, y ya puedes estar yéndote, necesito pensar -reconozco que me porté fatal con ella, todo eso no era culpa suya.
    -Lamento mucho todo esto, de verdad. Pero se que llevo soñando muchísimo tiempo contigo -murmuró dejando de sonreír-. Eras un enorme dragón verde, al que yo montaba; y sé que tenemos que averiguar que significa...
    -Significa -le corté-, que lees demasiados libros de dragones.
    Me separé de la barra y me alejé de Hannah. Empezaba a odiar a esa chica que estaba cambiando mi tranquila vida.
    Esta vez me fui a un lugar en el que nadie podría encontrarme, que solo conocía yo.
    Era un pequeño cuarto escondido debajo de la escalera principal, la que llevaba hasta el salón de actos. Al principio estaba lleno de telarañas y bichos pero, después de unos días de escrupulosa limpieza, el lugar parecía un pequeño, aunque acogedor, dormitorio.
    Es, posiblemente, el único sitio con intimidad de la pensión, y yo sabía muy bien como utilizarlo.
    Entré agachando la cabeza y me senté encima de un mullido cojín.
    Estaba tan confundida que pasé toda la tarde intentando ordenar mis pensamientos. Se hizo de noche y yo todavía estaba hecha un lío.
    La puerta del pequeño cuarto se abrió de golpe y sentí que se me paraba el corazón. Andy asomó la cabeza por la entrada y me miró con cara de enfado.
    -¿Qué haces aquí? - preguntó-. Llevamos mucho tiempo buscándote y no aparecías, estábamos muy preocupados.
    -¿Co... cómo sabías de este sitio? -murmuré estupefacta.
    Sonrió enigmáticamente.
    -Te vi entrar el otro día -contestó.
    Le miré con rabia.
    -Era el único sitio en el que podía estar sola y lo has estropeado.
    -Tranquila, puedes confiar en mí -se inclinó y me dio un ligero beso en los labios-. Vámonos o nos quedaremos sin cena.
    Me ayudó a levantarme y nos dirigimos al comedor.
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